APRENDER PARA TRANSFORMAR
APRENDER PARA TRANSFORMAR
Nancy Lizeth Corcino Rosas*
Colima, Colima, México a 19 de octubre de 2025.
La educación natural y la formación integral del individuo.
Elegí el tema de la educación natural porque creo que cada persona tiene un ritmo único de desarrollo. Como trabajadora social y psicóloga, he aprendido que educar no es solo enseñar contenidos, sino acompañar procesos humanos. En esta columna comparto mis reflexiones sobre cómo respetar la naturaleza del alumno fomenta su libertad, autonomía y desarrollo integral.
Desde hace nueve años, trabajo facilitando talleres socioemocionales donde he aprendido que respetar el desarrollo natural de cada persona fomenta un aprendizaje auténtico y profundo. Sin embargo, al dar clases en bachillerato, también me he encontrado con un problema frecuente. Aunque el plan de estudios menciona la formación integral, no explica con claridad cómo llevarla a la práctica. Me pregunto, ¿cuentan todos los docentes con las herramientas necesarias para acompañar este proceso? ¿Cómo lograr que el desarrollo integral prospere si el sistema mantiene su rigidez y uniformidad? Rousseau afirma que “En toda clase de proyectos deben considerarse dos cosas: primero, la bondad absoluta del proyecto; después, la facilidad de ejecución. Con respecto a lo primero, para que el proyecto sea admisible y practicable en sí mismo, basta con que su bondad se halle en la naturaleza de la cosa. Aquí, por ejemplo, basta que la educación propuesta sea conveniente para el hombre y esté bien adaptada al corazón humano” (Rousseau, 2000, p. 6).
Esto me lleva a reflexionar sobre la realidad educativa, donde a menudo se ignoran las condiciones reales y las necesidades individuales de los estudiantes. ¿De qué sirve hablar de desarrollo integral si no se respeta la individualidad y el ritmo de cada alumno? Rousseau también señala que “El hombre de la naturaleza lo es todo para sí; es la unidad numérica, el entero absoluto, que sólo se relaciona consigo mismo, mientras que el hombre civilizado es la unidad fraccionaria que determina el denominador y cuyo valor expresa su relación con el entero, que es el cuerpo social” (Rousseau, 2000, p. 12). Me pregunto si el sistema educativo fomenta realmente la autonomía y la libertad, o solo busca que los estudiantes encajen en un molde social. ¿Cómo podemos entonces construir una educación más humana y auténtica?
En mi reciente experiencia como docente en la educación formal, especialmente en ciencias sociales y humanidades, he comprendido que la educación no solo transmite conocimientos, sino que debe atender a las necesidades reales del ser humano en todas sus dimensiones. Rousseau afirma con claridad que “Nacemos débiles y necesitamos fuerzas; desprovistos nacemos de todo y necesitamos asistencia; nacemos sin luces y necesitamos de inteligencia. Todo cuanto nos falta al nacer, y cuanto necesitamos siendo adultos, se nos da por la educación” (Rousseau, 2000, p. 9). Esta idea me hace reflexionar sobre la gran responsabilidad que tenemos como educadores: acompañar un proceso que va mucho más allá de lo académico y que debe considerar la formación integral del estudiante.
Al diseñar mis clases, siempre procuro recordar que un proyecto educativo solo tiene sentido si está realmente conectado con la naturaleza humana y si puede llevarse a la práctica de forma clara y accesible. Desde mi experiencia, la educación debe responder a la realidad de las personas, respetar sus tiempos, su contexto y su esencia. No basta con tener buenas intenciones o metas ambiciosas si los métodos no consideran lo humano. Por eso, me esfuerzo en crear propuestas que no se impongan desde la rigidez, sino que acompañen de manera auténtica los procesos de aprendizaje.
Además, reflexiono sobre cómo el sistema educativo a menudo reduce al estudiante a “una unidad fraccionaria, que determina el denominador y cuyo valor expresa su relación con el entero, que es el cuerpo social”, y no como “el entero absoluto, que sólo se relaciona consigo mismo” (Rousseau, 2000, p. 12). Esta visión limita la autonomía y el desarrollo auténtico de cada individuo, priorizando la adaptación al sistema por encima de su esencia humana. En mi práctica docente, este pensamiento me ha llevado a cuestionar si realmente estamos formando personas o simplemente ajustando piezas a una maquinaria institucional. Por eso, mi reto diario es diseñar estrategias que reconozcan y respeten esa individualidad, donde cada estudiante pueda construir sentido desde su experiencia. No se trata solo de cubrir contenidos, sino de fomentar un aprendizaje que integre emociones, reflexión, pensamiento crítico y bienestar. Solo así lograremos una educación verdaderamente transformadora.
Asimismo, sé que para que el aprendizaje sea verdadero, no basta con la memorización de datos. Rousseau explica que “Si no hay ciencia de palabras, tampoco hay estudio que a los niños convenga; si no tienen verdaderas ideas, no tienen verdadera memoria, porque no llamo así la que sólo retiene las sensaciones” (Rousseau, 2000, p. 123). Por ello, procuro que mis alumnos no solo reciban información, sino que construyan sus propias ideas y conecten el conocimiento con su vida y experiencia.
Estas ideas me impulsan a seguir buscando formas de hacer de la educación un proceso vivo, sensible y adaptado a cada persona, para que no sea solo un mandato externo, sino un camino de crecimiento real y significativo.
Esta experiencia me confirmó que educar va mucho más allá de transmitir conocimientos. Acompañar a mis estudiantes desde lo humano, respetando sus ritmos y emociones, me hizo ver el verdadero sentido de enseñar. Planear con el corazón, desde lo que soy como trabajadora social y psicóloga, me permitió generar un espacio de confianza, reflexión y transformación. Me quedo con la certeza de que cuando el aprendizaje es significativo, también es liberador. Por eso, sigo convencida de que necesitamos una educación viva, real, que parta de la experiencia. Porque solo así es posible aprender para transformar.
Referencias:
Rousseau, J. J. (2019). El Emilio. Siglo XXI Editores.
*Alumno(a) del Doctorado en Educación
nancy.corcino@invesco.edu.mx
Instituto Virtual de Educación Superior de Colima (INVESCO)
Asignatura: Teoría Pedagógica