APRENDER PARA TRANSFORMAR
APRENDER PARA TRANSFORMAR
Nancy Lizeth Corcino Rosas*
Colima, Colima, México a 30 de mayo de 2026.
¿Humanizar la inteligencia artificial o deshumanizar el pensamiento?
Mi interés por este tema surge de una inquietud en mi experiencia docente, con frecuencia observo que los estudiantes buscan la validación de una pantalla antes de confiar en sus propias ideas. Desde mi formación como trabajadora social y psicóloga, he observado que la inteligencia artificial no es solo una herramienta tecnológica, sino que influye en la autonomía, las emociones y la confianza que los alumnos tienen en su capacidad de pensar, lo que también me lleva a reflexionar sobre mi propia práctica docente.
Con frecuencia observo cómo los jóvenes consultan sus dispositivos antes de participar para asegurarse de dar la respuesta “correcta”. En muchos casos prefieren guardar silencio por miedo a equivocarse o se muestran nerviosos si no encuentran una respuesta inmediata. Aunque esto suele interpretarse como desinterés o distracción, desde mi experiencia en procesos educativos y emocionales estas explicaciones resultan insuficientes.
La situación se vuelve aún más evidente cuando detrás de estos comportamientos aparecen ansiedad académica, inseguridad y una creciente tendencia a confiar más en la tecnología que en el propio juicio, lo que comienza a reflejarse en la forma en que se relacionan con la inteligencia artificial, especialmente en sus conductas de consulta, validación y uso previo a la participación en el aula.
Por otro lado, en distintos espacios educativos se ha vuelto frecuente hablar de la necesidad de “humanizar” la inteligencia artificial, pero surge la duda de si el problema no radica también en que las personas están deshumanizando su propio pensamiento al dejar de analizar, reflexionar y cuestionar, delegando estas funciones a sistemas automáticos. Lo que más me preocupa es que, cuando se acepta la información generada por la IA sin cuestionarla, se corre el riesgo de debilitar capacidades esenciales para el aprendizaje, como analizar distintas posibilidades, revisar la información con detenimiento y construir conclusiones propias. Esto me lleva a preguntarme, ¿estamos formando estudiantes que confían en su propio pensamiento o personas que dependen de lo que indique un algoritmo? ¿Buscamos formar estudiantes autónomos o usuarios que delegan su juicio en la tecnología?
Como docente he observado que el vínculo que los estudiantes establecen con la inteligencia artificial va más allá del uso de una herramienta tecnológica; también involucra aspectos emocionales relacionados con la confianza y la seguridad personal. En el aula se percibe cómo la búsqueda constante de validación en una máquina puede debilitar gradualmente la confianza en las propias capacidades. A esto se suma que la rapidez de las respuestas automáticas puede generar estrés, presión y una sensación de inmediatez constante. En este sentido, Fernández-Prados, Lozano-Díaz, Bellido-Cáceres y Martínez-Salvador (2024) señalan que la ansiedad tecnológica influye de manera significativa en las percepciones que los estudiantes desarrollan frente a la inteligencia artificial, lo que evidencia que esta relación también está mediada por factores emocionales.
Frente a esta realidad, mi propuesta como docente no es prohibir la tecnología ni generar miedo en los alumnos. Por el contrario, el reto consiste en enseñarles a utilizarla de forma crítica y responsable. En mis clases aplico una dinámica sencilla al asignar trabajos de investigación: primero trabajamos el tema de forma humana, leyendo, dialogando en voz alta, cuestionando ideas y debatiendo en grupo. Después, les pido que escriban un párrafo breve con sus propias palabras sobre lo que entendieron, con el fin de asegurar una apropiación real del contenido. Solo cuando el estudiante se ha adueñado del tema y le ha dado sentido desde su propio pensamiento, abrimos la puerta al uso de la inteligencia artificial como apoyo, no como sustituto del razonamiento. Esta perspectiva coincide con los planteamientos que destacan la importancia de utilizar la inteligencia artificial como una herramienta complementaria que fortalezca, y no reemplace, los procesos cognitivos del estudiante (Sánchez Mendiola, 2025).
Con esta estrategia busco que los estudiantes construyan primero una base de conocimientos que les permita evaluar con criterio la información que posteriormente obtengan mediante herramientas de inteligencia artificial. Si un estudiante ya comprendió el tema, puede identificar con mayor claridad si la máquina se equivoca, si presenta sesgos o si la información realmente le resulta útil. Más que buscar respuestas veloces o soluciones inmediatas, lo que intento es que desarrollen seguridad al expresarse y confianza en su propio juicio. En este sentido, como señala Sánchez Mendiola (2025), estas herramientas deben funcionar como “un andamiaje que potencie, no reemplace, los mecanismos de aprendizaje profundo” (p. 8). Esta estrategia se relaciona con enfoques pedagógicos que destacan el valor de las denominadas “dificultades deseables”, así como la práctica de recuperación y la autorregulación del aprendizaje, donde el esfuerzo cognitivo previo fortalece la comprensión y el pensamiento crítico.
Asimismo, es importante reconocer nuestro rol como facilitadores de procesos en este camino, donde se busca que los estudiantes no pierdan su voz ni se vuelvan invisibles. Esto me lleva, como docente, a enfrentar las realidades digitales, hacer uso de ellas, aprender, actualizarme constantemente y adaptar mi conocimiento a mis experiencias educativas. También implica diseñar nuevas formas de enseñanza que integren la inteligencia artificial de manera equilibrada, procurando que los estudiantes continúen desarrollando su capacidad de pensar, cuestionar y expresarse por sí mismos. En este sentido, Martínez Bonilla (2025) señala que uno de los retos de la inteligencia artificial en educación es su potencial para personalizar los procesos de aprendizaje de acuerdo con las necesidades individuales de cada estudiante, lo que abre la posibilidad de enriquecer la práctica docente sin perder el componente humano.
El aula no es un espacio reducido a instrucciones digitales; es un entorno humano donde se entrelazan las emociones, las relaciones y los procesos de pensamiento. Mi reto actual no está en si la tecnología logrará imitar lo humano, sino en cómo estamos viviendo nosotros, como personas, la relación con el conocimiento y la tendencia a evitar el error, la duda y la reflexión en favor de respuestas inmediatas. En este contexto, la educación sigue siendo un espacio necesario para despertar y aprender para transformar.
Referencias
Fernández-Prados, J. S., Lozano-Díaz, A., Bellido-Cáceres, J. M., & Martínez-Salvador, I. (2025). Percepciones de la inteligencia artificial en estudiantes universitarios: el rol de la ansiedad tecnológica y las competencias digitales. Formación Universitaria, 18(5), 115–124. https://www.scielo.cl/pdf/formuniv/v18n5/0718-5006-formuniv-18-05-115.pdf
Martínez Bonilla, I. (2025). Inteligencia artificial en los procesos de enseñanza-aprendizaje: retos y oportunidades. Psicología Educativa, 13, 1–8. https://revistapsicologiaeducativa.unam.mx/index.php/psicologiaeducativa/article/view/146/118
Sánchez Mendiola, M. (2025). Pereza metacognitiva y descarga cognitiva en la era de la inteligencia artificial generativa: riesgos y uso responsable. Investigación en Educación Médica, 14(56), 6–9. https://riem.facmed.unam.mx/index.php/riem/article/view/1984/1723
Sí hice uso de la IAG:
· Corrección de redacción y ortografía.
· Revisión de coherencia y estructura del texto.
· Apoyo en la verificación y formato de referencias.
*Alumno(a) del Doctorado en Educación
nancy.corcino@invesco.edu.mx
Instituto Virtual de Educación Superior de Colima (INVESCO)
Asignatura: Inteligencia Artificial Aplicada en Educación